martes, 24 de febrero de 2015

EMPRESARIOS INÚTILES = SALAS VACÍAS.


By Larry Runner.

Asturias Patria Querida, dice el himno de esta región, ese que todo el mundo se sabe. Será por algo, digo yo. Sí, aquí se está bien. Aunque a veces nos quejemos por la lluvia, capaz de estar castigando varios días, no la cambiamos por nada. Los que se van la echan de menos, y los que pueden, regresan. Sí, algo tendrá esta Invernalia nuestra.


Lo malo es que con lo guapo no se vive. Con el buen rollo, tampoco. Y lo que hace falta para que Asturias no acabe siendo el geriátrico más grande del mundo es gente con iniciativa, con ideas y con ganas de trabajar. Empresarios emprendedores que tomen las riendas o se rodeen de gente que las tome por ellos. Gente especial, que la hay, capaz de gestionar los negocios ganando dinero sin perder un ápice de humanidad. Humildes y soñadores capaces de lograr dirigir un equipo de trabajo como una gran familia para lograr que todos remen en la misma dirección y conseguir que la nave alcance la velocidad de crucero.

Desgraciadamente, esos empresarios escasean. Lo veo cada día. No hay. Y quizás sea percepción mía, no lo sé, pero cada vez que piso Euskadi o Galicia, por ejemplo, siento envidia. Envidia sana, porque me alegro por las gentes de allí, pero envidia. Pelusilla de que empresarios como los de allí no los haya aquí en Asturias.

Aquí nadie te valora el trabajo. Aquí miran lo que cobras. Te miran mal si sales cinco minutos antes, pero jamás te premian si sales tres horas después. Estamos en una región en la que casi nunca valoran tu profesionalidad, y donde a veces saber más te sirve para ser el más pringado. Olvídate de incentivos ni historias. Eso no existe. Mirarán si cuestas 20 en contra de si otro cuesta 10. No tendrán en cuenta que tú produces 100 y el otro 50. Sí, en Asturias, digan lo que digan en los medios, no se valora al profesional. Sólo en muy raras excepciones.

Pasa en todos los campos, lo veo día a día. Vas a un bar y echas de menos al camarero eficiente que tardaba nada en servirte y echaba la sidra de forma perfecta. Aquel con el que tomabas dos o tres botellas cuando pisabas la sidrería. Ahora el que está, lo hace mal, no es profesional y apenas te tomas una o pasas y te pides una caña. Echas de menos a la cajera que iba como un rayo, ahora tienen a otra que cobra 600 euros y tiene que preguntar a la compañera y monta una cola sin fin. Y así … infinidad de ejemplos.

Quizás donde más nos demos cuenta es en la hostelería. La asturiana está dirigida por gran cantidad de patanes. Luego saldrán en los medios quejándose de que el turismo no responde y mil mierdas más. Pero es que son eso unos putos inútiles.

En la parte alta de la ciudad de Oviedo hace un tiempo se cerró una sala llamada Whippoorwill. Pasó después por multitud de manos conservando ese nombre o enmascarándola con otros, pero no había forma de que arrancara. De repente un día a sus dueños les dio por llamar a un chaval para que la gestionara. Venía de realizar la labor en un local más pequeño y no parecía que lo hiciera nada mal. Ese señor respondía al nombre de Francisco, a.k.a. Pachi para los amigos, y con él la Sala Whippoorwill empezó a tener una programación envidiada por el resto de salas de la provincia.

Sí, Pachi logró que la sala funcionase hasta tal punto que realizar allí conciertos por semana dejó de ser un suicidio, aunque por supuesto esas cosas nunca dejarán de ser una temeridad.

Sí, Whipporwill con Pachi logró funcionar. La agenda se ampliaba cada semana y las fechas libres empezaban a escasear. Si querías organizar algo, a veces tenías que hablar con él y probablemente pedir luego el favor a alguna banda o promotor que ya la hubiese pillado. ¡Si lo sabré yo!

La sala funcionaba, y por ella pasaban bandas todos los fines de semana de todo tipo de estilos. Desde Trust y cosas peores a Vallenfyre y bandas más duras. Unos metían menos gente, otros más y otros como Dianno lo petaban. El caso es que la sala funcionaba.

Todo marchaba de forma estupenda y los asturianos que movemos el culo del sofá lo sabíamos bien. Y es que Pachi te hacía sentir como en casa. Su trato con la gente que acudía a realizar algún evento a la Sala era exquisito, siempre se anticipaba a la jugada de tus necesidades. Un profesional, pero a la vez una persona cercana, y con gente así, que tanto escasea en Asturias, es muy fácil trabajar.

Ahora, no sabemos por qué razón, los dueños de la Sala Whippoorwill lo han despedido. Probablemente para que otra persona por menos dinero haga la función que él realizaba. No han valorado su trabajo, no han tenido en cuenta que la Sala Whipporwill en este tiempo que Pachi la ha gestionado ha pasado de la nada a ser un referente nacional. Un lugar del que todo el mundo habla en Asturias y fuera de ella, saliendo en prensa on-line y escrita.

Quizás la persona que vaya ahora a gestionar la Whipporwill cobre menos. Quizás lo haga bien, pero apostaría a que va a ser más de lo mismo. Lo de antes. Volverán los delirios de grandeza y una sala vacía.

Sí, intuimos el desastre, música disco y mierdas pasadas de moda. Vemos poca percepción de la realidad y una sala referencia cerrada en poco tiempo. Olemos el fracaso y eso nos produce una mezcla de tristeza, rabia y de impotencia importante. 

No sé a dónde irá Pachi ahora a ofrecer sus servicios, su forma de trabajo, pero estoy seguro de que va a funcionar. Porque mal que les pese a los dueños de la Sala Whipporwill sin Pachi no va a ser lo mismo, probablemente no vaya a ser nada.

Una vez más, un empresario de Asturias no valora a la gente ni su trabajo. Una vez más no hay visión de negocio. Una vez más ... :(

© Diario de un Metalhead 2015.