domingo, 20 de noviembre de 2016

PUTA NOSTALGIA ...


Por Diego Rodríguez Liébanas.

Pese a los augurios más apocalípticos y pesimistas, el Metal no se muere. “Ya no salen discos como los de antes”, “los grupos de ahora no molan tanto” o “no va nadie a los conciertos” son mantras que se repiten hasta la saciedad pero que, aunque, por supuesto, entrañan ciertos aspectos debatibles, no son verdad en esencia.


Cierto es que el Rock, y por ende el Metal, ya no forman parte de la voz de una generación y que de un tiempo a esta parte no encontrarás canciones como "Living On A Prayer", "Balas Blancas" o "Nothing Else Matters" que casi todo el mundo, sea rockero o no, conozca. La aparición de internet ha cambiado la forma de consumir música y ya no son las radiofórmulas las que “educan” el oído del aficionado ni las que generan un paquete de canciones que se erigen como estandartes de una época. Ahora alguien que no sea metalero no conoce ni un solo tema y ni de coña sonará en un garito que no sea especializado canción alguna de este estilo. Pero esto le ha pasado a otros géneros que fueron tan masivos o más que el Metal y ahí están, aguantando el chaparrón. Y si no que se lo digan a los aficionados al Jazz o a la música clásica.

En el Metal se lleva mucho el “cualquier tiempo pasado fue mejor”. A todos, a mí el primero, nos encanta escuchar las batallitas de cuando el Clash Of The Titans pasó por la península o de cuando fuimos al Monsters Of Rock de Donnington y aquellas sí que eran liadas gordas. El género lo petó en una época y la nostalgia de aquellos que vivieron esos días nos ha impregnado a todos impidiendo en cierta medida que pasemos página y valoremos como es debido a las bandas que no nacieron en los 70 ni de los 80. Además, este mundillo es muy mitómano. Y vuelvo a repetir que yo el primero. Cada vez que la palma uno de nuestros ídolos es el acabose. Y normal porque los queremos más que a algunos miembros de nuestras propias familias pero nos encerramos en el “no hay recambio” o “cuando palmen todos los de esa generación… ¡Por Dio! ¿Qué va a ser de nosotros?” Si me pongo a recitar nombres de bandas extranjeras y españolas, grandes, medianas y pequeñas, jóvenes o ya no tan jóvenes que están perfectamente preparadas para tomar el relevo y que el género supere con solvencia el paso del tiempo no tendría aquí espacio suficiente y, en el fondo, todos lo sabemos.

Pero es que, además, ya no es que la teoría avale estas palabras. Es que la realidad me da la razón ya que ese relevo que se considera imposible se está produciendo ahora mismo en nuestras propias narices. O qué creéis que pensó Wolf Hoffmann cuando le ofrecieron que Accept, sí, ACCEPT, uno de los grupos más míticos del Heavy Metal, se uniera a una gira con Sabaton para telonearles… “Ah, no… Es que somos una leyenda viva… ¿Cómo vamos a telonear nosotros a Sabaton? Tenemos un status que mantener”. Y otro tanto de lo mismo sucede con otro grupo gordísimo como Testament, ya que iconos como Billy, Skolnick o DiGiorgio no se ponen ni colorados por girar teloneando a Amon Amarth. Al contrario, tanto Accept como Testament son conscientes de que, aprovechando el tirón de una banda con mayor repercusión en la actualidad, su marca sale reforzada al formar parte de un evento con mayúsculas que logra vender todas las entradas días antes del concierto y de que llegan a un nuevo público que quizá no les conozca tan bien. En la misma línea, aunque desde la perspectiva de los macroeventos, nos encontramos con que se puede dar la circunstancia de que ninguna de las dos bandas que encabece unos de esos festivales veraniegos de postín proceda de los 70 o los 80 si es el caso, como así parece, de que sean System Of A Down y Rammstein las elegidas.

Y todo esto lo escribo en una semana en la que me he sumado como el que más a opinar acerca de lo último de Metallica y en la que he ido preparando los dineros que me permitan ir a ver la reunión de Helloween por lo que, como ya dejé caer anteriormente, yo también caigo muchas veces en el juego del que estoy hablando. Aun así, no dejo de preguntarme si frases como “ya no salen discos como los de antes”, “es que no hay recambio” o “los grupos de ahora no molan tanto” vienen de un análisis más o menos objetivo de la situación o son fruto de una nostalgia de la que no sólo los que vivieron la época del boom son responsables sino que los que vinimos después hemos adoptado como nuestra hasta el punto de añorar tiempos que no vivimos impidiéndonos realmente disfrutar del presente. ¿Qué es lo que nos impide imaginarnos dentro de treinta años paseando nuestra artritis por un buen concierto de Metal que no sea un tributo? Puta nostalgia…


© Diario de un Metalhead 2016.

Más artículos de opinión aquí.