martes, 16 de octubre de 2018

El Metal Extremo no es música.


Por Simón García López.

Hace unos días viví una situación curiosa. Una persona relacionada con la música pidió en un comentario de una red social que alguien le explicase las diferencias entre los buenos y malos grupos del Black metal en concreto porque a él le sonaba todo igual. Su intención era buena, lo decía de verdad y de corazón. A él se le sumaron algunas personas más.


Expliqué con toda la buena intención del mundo, intentando aportar mi granito de arena el origen del black metal, tanto musical como conceptual; las ramificaciones del estilo y las aportaciones que muchos grupos han hecho a lo largo de estos años al metal y a la música en general. La persona en cuestión me lo agradeció, pero no del mismo modo otras de las personas que participaban de la conversación, quienes interpretaron mi comentario como algo excesivo, pedante o fuera de lugar y que terminaron haciendo mofa de mis aportaciones y opiniones. No exagero, así fue y no entré al trapo porque entendí que las personas que reaccionaron de esa manera no pretendían resolver sus dudas, sino simplemente unirse en lo que consideraban una pregunta probablemente sin respuesta por tratarse de música extrema, algo que seguramente ellos ven como un sin sentido, ruido, sin más. Ver que esa música como tal tiene historia, matices, y una complejidad técnica fuera de toda duda creo que los descolocó y más cuando alguien explicaba todo ello desde un punto de vista teórico, como no puede o debería ser de otra manera. A veces el hecho de ser filólogo y hablar de lo que me apasiona sin tapujos me lleva a aplicar un método llamémoslo “científico” de análisis y profundización. Si es un pecado, ese es mi pecado. Mi respuesta era demasiado “profunda”, así se calificó, cosa que me sorprendió, sinceramente. La respuesta no agradó. Por lo menos a una parte que contestó claramente a la defensiva. 

Todo esto me llevó a pensar varias cosas que son las que motivan este artículo.

La primera es que la gente se ha acostumbrado a la mediocridad. Vivimos en la época de los 140 caracteres, del mensaje simplista y reducido. Se esperan respuestas simples a preguntas complejas y en la mayor parte de las ocasiones eso no puede ser porque nos lleva al simplismo. A veces no queda más remedio que ser complejo para dar respuesta a problemas complejos y si no se entiende la respuesta, la clave no está en la simplificación del que responde, sino en el esfuerzo de que pregunta para aprender. ¿Cómo se puede explicar la teoría de la música extrema de manera simple y las percepciones que alguien que es fan de estos estilos tiene respecto a esta música? ¿Se puede hacer acaso con otros estilos musicales? ¿Cómo se le puede explicar a alguien en 140, 280 o 560 caracteres las diferencias que existen entre grupos de un estilo como el Black metal con 30 años de historia? ¿Alguien en su sano juicio se considera capaz de tal hazaña? Yo no.

La segunda es el concepto de no música que muchos músicos siguen teniendo del metal extremo. Esto existe. Esta necesidad de que a un músico alguien le explique el metal extremo porque no entiende nada y todo le parece lo mismo, no se la he escuchado nunca a ningún músico en referencia al Jazz, Blues, Funk, Gospel o cualquier estilo que se os venga a la cabeza. Es más, si un músico hiciese esta pregunta sobre el Jazz perdería todo el crédito como músico, directamente. Es una vergüenza preguntar algo así de ese estilo, a nadie se le pasa por la cabeza, aunque no entienda nada de Jazz. Reconocer la ignorancia y querer ponerle remedio es una virtud enorme e implica una valentía fuera de toda duda. Reconocer la ignorancia y reírte de quien sabiendo lo que dice intenta ayudarte para ponerle remedio es de necios.

En tercer lugar, todo esto me demostró que hay gente que quiere aprender, pero otra a la que le incomoda. Es difícil cambiar de opinión, probablemente lo más complicado. El cambio de opinión implica valentía e inteligencia pero lo normal es encontrarse de frente con orgullo, cerrazón, negacionismo y como me ocurrió personalmente, la burla o mofa. Ridiculizar lo que no se entiende como forma de defensa. Alguna gente está cómoda llamando ruido al metal extremo. Eso es más fácil que perder tiempo de tu vida en intentar entender las claves de esa música. 

Esta reflexión se puede aplicar y se entiende más fácil si se aplica a la política. 

La política crea una idea sobre la que construimos nuestra vida y sus pilares. Cuando alguien nos expone una idea política diferente a la nuestra, lo que vemos es a alguien que atenta contra esos pilares y que puede, si tiene bien estructurado su pensamiento, derribarlos y tirar por tierra todo aquello en lo que creemos. En general, vemos a esa persona como un enemigo, como alguien que atenta contra lo que somos, en vez de verlo como alguien diferente que quizás tenga razón y pueda no derribar nuestros pilares sino hacerlos más fuertes. Cuando consideras ruido el metal extremo y alguien te expone de manera razonada que no lo es ni mucho menos, puedes hacer el esfuerzo por cambiar tu pensamiento o ridiculizar al contrario directamente. Puedes aprender o seguir siendo un ignorante toda tu vida respecto a ese tema. Es tu elección, pero la diferencia es sustancial, porque eso demuestra una forma de ver y afrontar la vida. Demuestra lo que eres. Quién eres. 

Fue desagradable, no os voy a engañar, ver cómo acabas ridiculizado cuando lo único que intentas es aportar respuestas y conocimiento, pero de todo se aprende en la vida, si se está dispuesto a ello. 

© Diario de un Metalhead 2018.

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