domingo, 29 de julio de 2018

RESURRECTION FEST 2018. Crónica Día 4: Mitos de los 80, la nueva hornada, sangre fresca y actitud en forma de Frank Carter.


Texto: Sonia M.
Fotos: Unai Calleja y Resurrection Fest.

Cerrar esta tetralogía no va a ser fácil. En primer lugar me gustaría destacar los puntos a favor de esta edición 2017: 


• Los baños no perdieron su dignidad a pesar de las mareas de gente y la amabilidad de sus trabajadores. Eché en falta unos portátiles en la zona del Desert Stage y a la derecha del Main Stage o al lado del Ritual Stage.
• Los contenedores en todo el recinto que sirvieron para que no se acumulara tanta basura. No fui la única que los usó, aunque siempre había alguno que acababa tirando todo al suelo. Eso por desgracia no tiene remedio ni con el empeño de la organización. 
• Las variadas alternativas para comer fueron un puntazo. No repetí ningún día y comí con mucho gusto. Precios asequibles y ofertas para todos los gustos.
• Un sobresaliente para el sonido general del festival, daba igual el escenario. En pocas ocasiones percibí mal sonido y dado el caso era porque estaba demasiado cerca del mismo y me retumbaba el alma más que nada. 
• El punto violeta para cualquier tipo de agresión me pareció también muy acertado. REPITO, para cualquier tipo de agresión, que los hay muy cafres que luego solo saben decir: ¿Y dónde está el de hombres? Hay que ser cazurro, lo que hay que leer en las redes...
• El día que más pegó el sol, el jueves, se mojó a las primeras filas en las horas más críticas. Muy de agradecer. Lo pude ver tanto en el Main como en la carpa pero a buen seguro que ocurrió en todos los escenarios. 
• Y finalizo agradeciendo que se siga contando con los autobuses lanzadera al camping ya que salvan más de un cuerpo de llegar intacto a altas horas de la noche. 


¿A mejorar? Los baños portátiles que ya he comentado, más variedad en el merchan oficial en cuanto a chaquetas, sudaderas o incluso gorras. Colocar a las bandas nacionales en otros horarios y no siempre a primera hora (aunque yo los veré igual) y que no se le corte el sonido a una banda que está cumpliendo por “locuras de grandeza” quizás de los cabezas de cartel.


En el apartado musical abrimos con PÜRPURA, dúo instrumental que amenizó las primeros minutos del sábado. SOMAS CURE me decepcionaron en el Main. Se les quedó muy grande y además su sonido fue exageradamente alto. El set además se centró en su más reciente obra y me quedé sin mi “Bitácora” en vivo. Eso sí, un gusto ver de una vez por todas a Txema en directo. ¡Qué máquina! 

Mientras degustaba una buena hamburguesa vegana disfruté de unos 20 minutos de BELLAKO en la carpa. El trabajo constante de los de Mataró y sobre todo el boca a boca han dado sus frutos. Sonaron de la leche y contaron con muchos valientes en la carpa que corearon sus temas y se dejaron la piel en el pit. Y nuevo disco pronto, muchas ganas. 


OCEANS ATE ALASKA me dieron una de cal y otra de arena. Sonido saturadísimo, apenas se apreciaban todas las virguerías que tienen en disco y aún así unos buenos bailables me eché. Una pena que el sonido fuera tan “regulero” y sobre todo un poco “cantoso” lo de su frontman Jake Noakes, en gutural de 10 pero en melódico me dejó muchas dudas. No sé si es que no se oía o qué pero directamente o no lo cantaba o lo hacía a medias. 

A ANTEROS los pillé empezados en el Desert Stage y no acabé de entrar en su mundo. Y eso que su propuesta me atrae. Tendré que esperar a una mejor. TREMONTI me animaron un poco más a base de volumen y buenos temas en el Main. Estos americanos tienen una manera muy elegante de entender la música y así nos lo hicieron sentir. A falta de ALTER BRIDGE bueno es Mark. 


Un merecido descanso y el dilema: Tres bandas en un mismo horario y difíciles elecciones. FRANK CARTER & THE RATTLESNAKES me dieron la vida con solo 20 minutos en el escenario principal, literalmente tirándolo abajo y liándola pero bien. Frank me parece de lo mejor que he visto en mi vida como showman y agitador de masas, aliado con su banda, un combo perfecto. Derroche de energía, actitud y presencia. Se lanzó sin miramientos al público que lo llevó en volandas,hizo el pino... Me marché corriendo a la carpa justo cuando consiguió un gran circle pit alrededor de la torre de sonido.

En la carpa STRAY FROM THE PATH consiguieron quitarme el gusanillo de verlos por fin, al menos otros 20 minutos. Tal cual al disco sonaron los de Nueva York, con sus virguerías y “aires” a RAGE AGAINST THE MACHINE. Satisfecha retomé las andanzas para acabar en el Ritual y ver a IGORR. Sus 45 minutos fueron una explosión de contrastes. La base electrónica, los sonidos evocando a épocas clásicas y sobre todo, Laure Le Prunenec, sin la cual opino que todo quedaría muy frío y aburrido. Es algo arriesgado, un poco loco e incluso surrealista, pero son de esas cosas que mola ver. 


PROPHETS OF RAGE protagonizaron el primer llenazo del día. A falta de RATM buenos son PROPHETS. Un lujazo ver a Morello en acción, todo un espectáculo. A pesar de quedarme con muy buenas sensaciones y gozar con la aparición estelar de Frank Carter en “Killing in the name”, me pareció un poco “refrito” el tocar tantos temas de RATM y a penas 4  propios. Lo entiendo y soy muy feliz de poder ver temas de RATM aunque me falte el alma, De la Rocha. Pero por momentos parecía la banda “tributo”. Los temas de hip hop también me sobraron un poco, pero es lo que hay. A pesar de lo que pueda parecer me lo pasé increíble, pero debo ser sincera con la realidad. 


Corriendo fui a por mi cena, un bocadillo de jamón cocido que fue increíble. Si vais algún año os juro que lo tenéis que probar, ¡Qué cosa más celestial! Con esas me zampé el concierto de THY ART IS MURDER. Los australianos, muy esperados entre la audiencia, me gustaron. Un show serio y muy potente con un CJ McMahon bestial, tanto en su faceta seria como de cachondeo entre tema y tema. Con deciros que acabó lanzando sus pantalones al público...


KISS se hicieron de rogar unos 15 minutos. Mi primera vez y salí sorprendentemente contenta. Show correcto, grandes hits y mucho espectáculo visual ya sea Simmons (genial cantando) volando y echando “sangre” por la boca, las plataformas, los continuos petardos y cohetes así como la tirolina por la que fue Stanley a la torre de sonido. Eso sí, que le quiten por favor el micro a Stanley, que se centre en el espectáculo y que se cuide la voz que ni puede hablar casi. Me daba mucha pena. 

ALESTORM se comieron todo lo que KISS quiso en cuanto a retraso de tiempo pero dieron un buen concierto. Excesivamente bajo para mi gusto pero suficientemente fiestero. Me quedo con su primera etapa como banda, creo que ahora son demasiado “me la suda todo”. Y tampoco es eso. 

Y acabamos la aventura RESURRECTION FEST 2018 con EYEHATEGOD en el Desert Stage, quienes también tenían algún que otro dardo guardado para KISS. 2 de la mañana, tralla acumulada a 3000% y los de Nueva Orleans me chiflaron. El sonido estuvo impecable así como su predisposición. Ojalá en el futuro los pueda ver en sala y me la goce de nuevo. 


Y así terminan cuatro increíbles días cargados de buenísima música, comida y tiempo, que nos respetó. Ahora toca esperar un año para el siguiente, aunque nos vamos desquitando con conciertos por salas todos los meses y la espera se hace menos dura. ¿Por qué volver, me preguntas? Porque el RESURRECTION FEST me da la oportunidad en un paraje inmejorable de disfrutar de un montón de bandas de diversos estilos y si te van diferentes propuestas acabarás loca y extasiada como yo. ¿Por qué volver? Por el trato, por la gente, por Viveiro. Porque es la terapia perfecta.

VIVEIRO ON FIRE! Ha empezado la cuenta atrás para el 2019...


© Diario de un Metalhead 2018.