miércoles, 27 de junio de 2018

La burbuja del Death Metal.


Por Simón García López.

Hace unos días estuve muy pendiente de unas primeras ediciones en vinilo de varios clásicos de Death metal. Tenía bastantes esperanzas en poder conseguir alguno pero al final, como de costumbre, la realidad me ha vuelto a poner en mi sitio. Citaré, para desarrollar después la idea principal de este artículo y a modo de ejemplo, los precios finales de unos cuantos de los discos que tenía en seguimiento, teniendo en cuenta que a estos precios habría que sumarle los gastos de envío, que eran de 12,50 unidad y a partir de dos discos 19 euros:


Edge of sanity – Unorthodox – 52 euros
Carnage  - Dark recollections – 82 euros
Arch enemy – Black earth (edición del 2002) – 56,55 euros
Incubus – Beyond the unknown – 66 euros
Funebre – Children of the scorn – 84,05 euros
Hypocrisy – Osculum obscenum – 94 euros
Suffocation – Effigy of the forgotten – 57 euros
Therion – Of darkness… - 51 euros

No creo que ningún deathmetalero se sorprenda por los precios. Nos hemos creído que son los lógicos pero, ¿lo son en realidad? Estamos hablando de primeras ediciones de discos, no de ediciones de coleccionistas, rarezas, ediciones japonesas o cosas por el estilo. Son primeras ediciones sin más. ¿Es lógico por tanto que se pague esa cantidad de dinero? ¿Se hace con primeras ediciones de discos de otros estilos que no sean en todo caso extremos? 

Todo esto con el tiempo y un poco de sorna me ha hecho pensar que arrastro cuatro desgracias que unidas conforman una de dimensiones considerables, todo ello muy relativo lógicamente, aunque en realidad es algo que me genera cierto enfado y frustración a partes iguales. 

La primera desgracia por tanto es que me gusta el Death metal. La segunda, ya a estas alturas empezaré a reconocerlo, es que ejerzo a mi edad de coleccionista de este estilo buscando siempre las primeras ediciones en LP o CD de mis discos preferidos o no tan preferidos, que no son pocos.

La tercera y no por ello menos importante, en realidad crucial, es que no soy rico, y esto lejos de ser un problema menor, es un problema mayúsculo cuando una de las cosas que más deseas en la vida es tocar, oler y escuchar una primera edición de un disco de Death metal. La cuarta es que soy español. Esto en el contexto que pretendo mostrar también es una desgracia. Ahora lo explico. 

En la vida la salud es lo más importante y lo material ha de estar en un segundo plano o en tercero o cuarto, sí, lo sé, pero sabiendo todo eso, cuando uno no ha elegido ser lo que es porque simplemente ha encauzado aquello que siempre tuvo claro que quería ser, que nació uno, que marcó mi camino desde que era un niño hasta el día de hoy, todas las bellas frases hechas quedan en un segundo plano real.  

¿A dónde quiero llegar os preguntaréis? Pues muy sencillo. El mercado de primeras ediciones y en algunos casos incluso de segundas o terceras de los discos de Death está inflado. Yo lo llamo la burbuja del Death metal. Esta burbuja la sufrimos los coleccionistas de Death pobres, quienes no podemos competir por aquellas ediciones que seguimos y perseguimos con ahínco y que por los precios que alcanzan se convierten en intocables para nosotros. 

Intentaré contextualizar todo este batiburrillo, tirando al final de un par de anécdotas para intentar que se entienda lo mejor posible. 

El Death metal ha sido en general, excepto en cierta época de principios de los 90 donde algunos grupos saltaron a multinacionales por el increíble resultado de ventas que habían obtenido con sus primeros discos, un estilo de música minoritario donde en general pequeños sellos, que con los años se hicieron grandes muchos de ellos, editaban a grupos de los inicios haciendo tiradas muy cortas, adaptadas a la demanda, de las primeras o si existían segundas ediciones. A día de hoy, esto es un factor clave ya que el Death se ha extendido por todo el mundo y tiene millones de fans, y quien vende esas ediciones sabe que hay pocas copias en el mercado y eso encarece el producto. En segundo lugar, el mercado de las primeras ediciones de estos discos es global atado a las condiciones liberales de los mercados, ese ente que nadie controla supuestamente y que se rige por la normas que todos imponemos en base a nuestros gustos, actos, oferta demanda, de manera libre siendo esto lo más justo a la hora de comprar un producto a un precio determinado. ¿Es esto en realidad lo más justo? No. 

Para un deathmetalero español, competir en un mercado global con personas de países con rentas per cápita más altas es frustrante, porque cuando para un español pagar 50 euros por un disco es una pasta, para un noruego es una miseria, con lo cual el propio mercado establece una base que es injusta buscando igualar a individuos que no son iguales. Para aquellos que vengan de países con rentas per cápita más bajas que la española es algo inalcanzable directamente. Sería “justo” si yo sólo pujase o compitiese con personas que tienen las mismas condiciones económicas, por ejemplo y también se podría refutar, si el mercado en el que se luchase por adquirir un disco estuviese compuesto sólo por españoles. Eso sería sin duda más “justo”, pero cuando hay en el mismo mercado holandeses, japoneses, suecos, americanos y españoles, los españoles por lógica somos los más perjudicados y no podemos competir en igualdad de condiciones respecto al resto. El mercado hace que los ricos tengan más posibilidades. 

Independientemente de todo esto, el mercado de las primeras ediciones de los discos de Death de unos años para aquí se ha vuelto loco y no hace falta irse fuera de España. Aquí también nos hemos vuelto locos. Por poner un ejemplo, recuerdo cuando la primera edición de un disco que ahora en CD vale 100 euros y en vinilo puede llegar a costar 200 euros como es el “Slumber of sullen eyes” de Demigod, hace unos años se regalaba con los pedidos de un famoso catálogo y en otros se vendía a 300 pesetas antes del cambio de moneda. ¿Acaso ese disco no era bueno antes? Claro que lo era, pero algo hizo que su precio se disparase, no solo el precio de ese disco, sino el de centenares de discos clásicos de Death. Además hay otro debate. ¿Marca un precio la calidad del disco? Está claro que no. El Slumber era una obra de arte cuando valía 300 pesetas y lo es ahora que al cambio valdría casi 17.000 pesetas, mientras que otros discos de Death metal valen lo mismo y son infumables. Se paga la edición, la conservación, el país de edición, y por último, el estilo. No debería, pero sí. Para los vendedores de discos de segunda mano profesionales, la etiqueta Death o Black, un disco de género extremo es en general una oportunidad de darle un empujón a la economía familiar y sólo por eso, independientemente de todo lo demás y ya comentado, los precios se disparan. Es una moda, tendencia, llamadlo como queráis que ocurre con muy pocos estilos más. En otros estilos son las piezas más extrañas de ciertos grupos de culto los que alcanzan precios desorbitados. En el Death metal es cualquier primera edición de cualquier grupo clásico el que alcanza precios desorbitados y como se ha impuesto como normal, no lo vemos ilógico, aunque lo sea.  

En este punto se entiende en general porqué uno arrastra las 4 desgracias del principio. Pasemos al apartado anécdotas para dejar todo esto aún más claro.

Primera anécdota: En el Move Your Fucking Brain de Molins de Rei, gran festival de metal extremo, estaba mirando los puestos de discos y rebuscando encontré el primer disco de Deicide a 50 euros en vinilo. Ninguno de los demás discos que allí tenía superaba los 20 o 25 euros, siendo muchos primeras ediciones de otros estilos musicales relacionados con el metal. Sólo ese destacaba y con creces. Casualidad, sólo el de Death metal. No lo pude evitar y de buenas maneras, conversando sin más, le hice saber mi desagrado al vendedor por el hecho. Su respuesta fue muy sencilla. “Vale eso porque lo pagan.” Poco más pude decir. Después de un rato volví por allí y rebuscando una vez más el disco ya no estaba. “Te lo dije, la gente lo paga”, y añado: seguro que quien lo pagó se fue contentísimo sin plantearse si el precio era excesivo o adecuado. 

Segunda anécdota: En una tienda de segunda mano, rebuscando entre vinilos que no estaban a la venta me encontré con la primera edición del “Eaten back to life” de Cannibal Corpse y sinceramente, me dio un vuelco el corazón. Le pregunté al vendedor por su precio y me dijo que no tenía precio porque estaba seleccionado para la venta por internet. De todas maneras intenté adquirirlo tanteándolo. Le ofrecí 25, 30, 35, 40 euros… Ninguna oferta le pareció ni mucho menos aceptable. “En cualquier plataforma de venta de discos le saco el doble de lo que me das.” 

En general esto se resume en un triste “hay que joderse”. El mercado de primeras ediciones de discos de Death metal es inaccesible para la mayoría y por supuesto para mí. Uno encuentra a veces joyas o consigue discos de gente que no sabe muy bien lo que tiene o lo valora muy por debajo de su precio por necesidad, pero a día de hoy eso escasea. Gracias a Discogs o Ebay, cualquiera saber perfectamente el valor “relativo” de los discos, pero mi pregunta sigue siendo la misma. ¿Por qué el Death metal ha llegado a este punto? Quizás todo se resuma en la frase del vendedor. “Vale eso porque lo pagan”, o lo que es lo mismo y como en todo, nosotros mismos somos en el fondo culpables de que las cosas sean como son. 

© Diario de un Metalhead 2018.