viernes, 1 de abril de 2016

SPIRITUAL BEGGARS - Sunrise To Sundown (2016- Inside Out) Suecia.


By Diego Rodríguez Liébanas.
Cuando empecé a preocuparme por la música a principios de los noventa poco me interesaron Nirvana, Metallica o Guns´n´Roses.


Me metí en mi escafandra y permanecí ajeno a lo que estaba sucediendo en el mundillo del Rock y del Metal en aquellos momentos para sumergirme de lleno en los sesenta y en el primer lustro de los setenta. Hendrix, Doors, Beatles... pero sobre todo Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath. Y utilizo ese orden no porque así sean mis preferencias, claramente decantadas por los Sabbath desde el principio, sino por la prevalencia que esos grupos tenían en esa época en el panorama musical. En los noventa Led Zeppelin eran considerados como el gran grupo de los setenta y Deep Purple le iban a la zaga por muy poco con su aura de banda insuperable en directo. Los Sabbath en aquel momento eran un grupo de culto que no tenía las cuotas de popularidad que manejan hoy en día.


Desde entonces, la influencia musical de la saga Purple ha decaído con respecto a los otros dos gigantes debido, en buena parte, a la salida del mundo del Rock de su gran ideólogo Ritchie Blackmore y a la gestión empresarial, discutible pero efectiva, con la que Sharon Osbourne ha aupado a la marca Black Sabbath al Olimpo. Aun así, es innegable que las diferentes formaciones de Deep Purple así como las de Rainbow y Whitesnake, siguen manejando un número de seguidores a tener muy en cuenta así como una serie de bandas y músicos encantados de mantener vivo ese legado.
Uno de estos músicos es Michael Amott, conocido también por su trabajo en Arch Enemy y Carcass, y una de esas bandas es SPIRITUAL BEGGARS, que nace a mediados de los noventa, aunque no siempre la influencia púrpura ha sido tan patente como ahora ya que en anteriores entregas, aun siendo indudable el gusto por el Classic Rock, había una base Stoner muy apreciable y ciertos devaneos Heavy Metal. Desde el Return To Zero de 2010 la música de SPIRITUAL BEGGARS pierde peso y densidad para tomar protagonismo la melodía apostando por una propuesta mucho más ligera. En este Sunrise To Sundown asistimos a otro episodio más de como la influencia Sabbath se diluye para adentrarnos en una obra con claro aroma a órgano Hammond, riffs blackmorianos y ecos Made in Coverdale.
variado, fresco, sorprendente, divertido ...

El álbum suena fresco desde el principio a pesar de que en ningún momento perdemos la noción de que caminamos por lugares comunes ya conocidos y transitados. La viveza de las composiciones y el sonido, vintage y moderno al mismo tiempo, logran captar la atención para pasar a disfrutar de cada nota gracias a una producción soberbia en la que cada instrumento es tratado con delicadeza. Todo suena perfecto y cada latigazo de guitarra de Amott sorprende y agrada compartiendo protagonismo con el teclado de Per Wiberg con el que se intercambia labores rítmicas y solistas. El trabajo vocal de Apollo Papathanasio supone el tercer vértice en el que se sustenta actualmente el sonido de SPIRITUAL BEGGARS con un resultado sobresaliente. Su interpretación es variada y se adapta a lo que requiere cada tema a la perfección.
El disco comienza con la elegancia Sunrise To Sundown que sirve para esteblecer como máxima que pausa y tranquilidad no están reñidos en modo alguno con calidad. Sobre una base rítmica sencilla pero destacada adquiere protagonismo el Hammond en Diamonds Under Pressure a través del cual disfrutamos del más mínimo detalle pudiendo sacar partido a la musicalidad de cada instrumento. Cambiamos de marcha y pisamos el acelerador con What Doesn´t Kill You que, con unas rítmicas más nerviosas y una batería más pesada, se acerca a zona Heavy Metal. Las intervenciones de Amott recrean al mejor Blackmore con un sonido reluciente. Seguimos en plan duro con Hard Road, en el que un destacado Apollo emerge protagonista con esa voz rasgada y cálida que supone en muchas ocasiones la guinda a la propuesta musical de sus compañeros de viaje.



La mejor vena Whitesnake es transitada con Still Hunter y con No Man´s Land, en la que la base rítmica se vuelve más pesada y la interpretación vocal invita a acordarnos de David Coverdale. En la parte central, a modo de exquisitez, nos encontramos con un pasaje beatlemaníaco que rompe con originalidad con lo anterior y posterior. Más intrigante y oscuro comienza I Turn To Stone que se convierte en uno de los temas del disco con una batería de Ludwig Witt muy a lo Ginger Baker en un corte que destapa el tarro de las esencias de Cream reforzado por la interpretación a lo Clapton del vocalista.

Dark Light Child es una buena canción que se hace más interesante hacia el final pero que nos sirve sobre todo para enlazar de manera apropiada con Lonely Freedom, temazo con el que entramos de lleno en el áspero terreno Stoner con uno de esos riffs que podrías escuchar repetirse hasta la saciedad. Terminamos con You´ve Been Fooled, redonda y divertida, y con Southern Star, muy en la onda Led Zeppelin, en la que se cambia el órgano por el piano y se da rienda suelta a las mejores virtudes de la banda para finalizar un disco variado, fresco, sorprendente, divertido, elegante y exquisito.



© Diario de un Metalhead 2016.
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