miércoles, 20 de enero de 2016

¿EL MEJOR CONCIERTO DE TU VIDA? ES QUE HAS IDO A POCOS.


By Larry Runner.

¿Cuántas veces al salir de un concierto has escuchado la frase “el mejor concierto de mi vida” y te ha dado la risa? A mí, desde hace unos años para acá, me pasa a menudo. Y es que a veces esa “mi vida” es muy corta, y claro, cualquiera se pone a discutir con alguien cuando sale de una movida con el subidón, o “berraco perdido” como nos estampó un gallego en Santiago tras salir de ver a WASP. ¿Verdad? La frase tiene sentido cuando el que la pronuncia es alguien con mucha... llamémoslo “experiencia”. Cuando la dice alguien que ronda los 20 ... su vida ha sido muy corta y seguro que es verdad y ha sido el mejor de su vida pero ... es que hay poco con lo que comparar.




Recuerdo una vez tras un concierto de una banda americana que alguien me dijo: “el mejor concierto de mi vida”. Como era amigo, le espeté un “es que viste pocos”. Sí, sonará a chulería, pero de verdad que no lo hice con afán de herir. Pero cuando ves a más de un centenar y medio de bandas en vivo al año, tu margen entre “grandioso” y “puta mierda” es mucho mayor que cuando ves uno al mes. No se trata de vacilar o de ninguna otra historia. Se trata de tener un margen de comparación mayor. Lógicamente si ves a cientos de bandas es más difícil que algo te sorprenda que si ves a una docena.

Si ves sólo fútbol de regionales, puedes pensar que tu equipo es el mejor del mundo y que la toca bien. Pero no es cierto, hay equipos en ligas superiores, lo que pasa que si no lo observas nunca, no puedes comparar. Pues con la música pasa igual, con los conciertos y con los festivales también.

Me pasó un verano, cuando a la vuelta de un desastre ejemplar de organización en un gran evento tuve que leer en las redes sociales que “era todo un ejemplo”. Quizás el que lo afirmase habría viajado a pocos festivales, o a sitios aún peores, claro, que de todo hay. O quizás cobrase, que también podría ser. Eso sería desfachatez.

Si vienes de según que sitios, quizás para ti sea genial que la gente en el festival no lleve pistolas, por ejemplo. Pero que no las llevemos, no quiere decir que sea un ejemplo de organización. Es que no se deberían llevar nunca. Lo normal nunca debiera ser lo especial.

Con los festivales pasa lo mismo. Los eventos españoles tienen sus virtudes y sus defectos, como todos los festivales del mundo, pero a día de hoy aún están a años luz de ser un ejemplo de organización. Año a año van mejorando, pero no los podemos poner de ejemplo de nada. El Resurrection camina con ventaja destacada y a medida que vas bajando geográficamente la cosa tiende a peor y en algunos casos sin visos de mejorar.

Lo peor de todo es que se falla en elementos clave como el sonido, racaneando en donde jamás se debiera y llegando a colocar columnas de menos, mesas de luces de menos, etc. Y alguno me dirá “ya, pero el cartel se salía”. Sí, estoy de acuerdo, pero un festival no puede ser sólo el cartel. Tiene que haber unas instalaciones mínimas para la indispensable higiene. Una zona de camping donde puedas realmente descansar. Un aparcamiento en el que puedas dejar tu coche sin tener que estar en vilo con qué te vas a encontrar cuando vayas a recogerlo ... ¡Que coño! ¡Hay festivales en los que cagas en una taza limpia! ¡Pues eso!

Y si vas a cubrir el evento es indispensable una sala de prensa. Una de verdad. Un lugar donde te puedas sentar en una mesa con tu portátil y en el que la conexión wifi te permita realizar tu trabajo con comodidad subiendo si te apetece las crónicas casi en tiempo real o descargando las fotos de la cámara para no tener que ir cargado con un millón de tarjetas de memoria y tener que ponerte a trabajar cuando llegas rendido al hotel si es que te puedes pagar uno, que como vayas de tienda, a ver quién es el guapo que deja su carísima cámara ahí a mano de cualquiera.

Lo dicho, que antes de afirmar frases tan rimbombantes como “el mejor de mi vida”, pensémoslo un poco mejor. Y sobre todo seamos exigentes, que no valga todo. El verano llegará pronto, a ver qué nos encontramos.

© Diario de un Metalhead 2016.

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