viernes, 24 de abril de 2015

STAY THRASH.


By Larry Runner.

No recuerdo el día, ni tampoco el año y algunos de mi quinta seguro que leen esto y quizás estén igual que yo. Lo que sí recuerdo es el lugar.


Fue en Mieres y en una “movida heavy”, que era como se llamaban a aquellas fiestas ocasionales que se celebraban en lugares como aquel, siempre vetados a la buena música. En un antro al que por entonces llamaban discoteca y que no era otra cosa que un sótano hoy en día cerrado. Se llamaba “No se lo digas a Mamá” y estaba frente al Parque de los Patos de Mieres. Allí Javi, por entonces un mozalbete, pinchaba aquella tarde lo mejor de su colección de vinilos y allí escuché por primera vez a Metallica.

Motorbreath fue lo primero que llegó a mis oídos de aquella desconocida hasta entonces banda. Aquellos cuatro cafres californianos me alucinaron, me impactaron como pocas, muy pocas bandas en mi vida. Más tarde sonaron Jump in The Fire y Hit The Lights. Habían inoculado en mí el veneno del thrash metal, aunque de aquella en Mieres se utilizaba más lo de speed metal. Las etiquetas musicales comenzaban a florecer. A partir de ahí ya no pudimos parar. Kill’Em All precedió a toda una serie de discos y nombres de bandas que ocuparían ya para siempre un lugar en la banda sonora de nuestras vidas: Anthrax, Death Angel, Testament, Overkill, Exodus ... un sin fin.

Pocos parches en la chupa, el dinero era para discos, hoy en día es al revés. Nos poníamos de acuerdo para comprarlos, los discos digo, para no repetirnos y así acceder a más música. Era comprar un disco y en los primeros días tener que ponerte a grabar varias copias en cassette. Disfrutábamos muchísimo de nuestros elepés. Nos los aprendíamos de memoria. Sabíamos todos los detalles, conocíamos el nombre de todos los músicos y no sólo de los más grandes, hasta de los de segunda fila. Cualquiera era capaz de aprenderse hasta el line-up de aquellos Flotsam And Jetsam con los que tanto alucinábamos en el parque de Turón mientras en la doble pletina sonaba el Iron Tears a fuego.

No recuerdo un estilo que me impactara nunca tanto, que tanto me hiciera perder la cabeza en un concierto, que me volviera tan loco. Recuerdo la gira del Black Album y la entrega en la primera fila del Velódromo de Anoeta donde no me hubiera importado morir aquella fantástica noche. Recuerdo la emoción de ver a Death Angel la primera vez en Bilbao con lágrimas en los ojos mientras el sol castigaba la sien en Kobetamendi. Recuerdo el polvo del Wet Stage de Wacken en el inmenso pogo con Onslaught y también con Whiplash. Recuerdo a Testament en Guernika. La primera fila con los Warrant alemanes. Megadeth en Donosti. Annihilator. La fiesta escuchando SDI en la discoteca de Pola de Lena. Destruction. El wall of death con Exodus en Wacken. Silver y Muro, Acero y Sangre. Violator en la Capital. La locura y los enormes empujones con Anthrax teloneando a Iron Maiden en el 90. De birras con Evile. Los discos de Legion. La emoción con Crisix ganando la Metal Battle de Wacken. Metal Church en Euskadi. La demencia viendo un fin de gira de Angelus Apatrida en Albacete. Forbidden en el loro. Exodia en La Calleja. Sacred Reich a mediodía. Slayer. Los tremendos Fuck Off en León. El llenazo de Havok en nuestro primer festival. El mágico concierto de Warbringer en Whippoorwill. La fiesta con Overkill también en Luarca, los bolos de Kreator , Hirax en Oviedo bajo el logo de Diario de un Metalhead y por supuesto el video con Soldier. 

Thrash, siempre thrash metal, ayer, hoy y para siempre. Porque no hay un sonido que me llene más. Porque si hay thrash metal lo demás poco importa. Por eso, siempre, y por encima de las modas del momento, stay thrash.

Thrash Metal, ese tick tack in my head.

© Diario de un Metalhead 2015.